Formulario del M-CHAT sobre una mesa, con manos de una madre marcando respuestas mientras observa a su hijo pequeño.

M-CHAT: qué es, para qué sirve y por qué no debe usarse como diagnóstico 

Cuando existe una sospecha de trastorno del espectro autista en un niño pequeño, uno de los primeros instrumentos que suele aparecer en la práctica clínica es el M-CHAT. Es una herramienta ampliamente difundida y de fácil acceso, pero también una de las más malinterpretadas. En muchos casos, se utiliza sin respetar su objetivo real, su rango de edad o su procedimiento completo, lo que puede llevar a conclusiones apresuradas y a un gran impacto emocional en las familias.

Por esta razón, es fundamental comprender qué es el M-CHAT, para qué sirve, cómo se aplica correctamente y, sobre todo, qué límites tiene.

¿Qué es el M-CHAT y dónde se consigue?

El M-CHAT es un cuestionario de tamizaje diseñado para detectar señales de alerta asociadas al trastorno del espectro autista en niños pequeños. Fue desarrollado originalmente en inglés y posteriormente traducido al español por un grupo de autoras españolas. Se trata de una herramienta gratuita, que puede descargarse en su versión oficial desde el sitio web: https://www.mchatscreen.com

En esta página se encuentra disponible en distintos idiomas, incluido el español, y es importante utilizar siempre la versión oficial para garantizar que el contenido y el algoritmo de puntuación sean los correctos.

¿Para qué sirve el M-CHAT?

El M-CHAT no es una prueba diagnóstica. Su función es identificar si existen suficientes señales de alerta como para referir al niño a una evaluación diagnóstica formal de autismo. Es decir, nos ayuda a responder una pregunta muy concreta: ¿Hay indicios suficientes de riesgo como para recomendar una evaluación más profunda?

En la práctica clínica, el M-CHAT se utiliza principalmente de dos maneras. Por un lado, como una herramienta de detección temprana que idealmente debería ser aplicada por pediatras a todos los niños entre los 16 y 30 meses de edad. Por otro lado, como un apoyo cuando un terapeuta o profesional observa señales que generan sospecha de autismo y necesita determinar si existe suficiente riesgo como para justificar una evaluación diagnóstica formal.

En ambos casos, el resultado del M-CHAT nunca debe interpretarse como un diagnóstico, sino como una orientación clínica.

Edad de aplicación: un punto crítico

Uno de los errores más frecuentes es aplicar el M-CHAT fuera del rango de edad para el cual fue diseñado. El M-CHAT solo es válido entre los 16 y los 30 meses de edad. Después de los 3 años, la herramienta deja de ser apropiada y sus resultados no deben utilizarse para sacar conclusiones clínicas.

Aplicar el M-CHAT en niños mayores puede generar falsos positivos, confusión en las familias y decisiones que no están basadas en evidencia.

¿Cómo está estructurado el M-CHAT?

El M-CHAT consta de dos etapas, ambas basadas en la información proporcionada por los padres o cuidadores.

La primera etapa es un cuestionario de 20 preguntas que se responden con “sí” o “no”, basándose en el comportamiento habitual del niño. Es fundamental enfatizar la palabra “habitualmente”. Las respuestas no deben basarse en conductas aisladas que ocurrieron una sola vez, sino en lo que el niño hace la mayoría del tiempo.

Las instrucciones para padres aclaran que, si el niño ha realizado alguna conducta en contadas ocasiones pero no de forma consistente, la respuesta correcta debe ser “no”. Este punto suele generar mucha confusión y requiere una adecuada explicación por parte del profesional.

La segunda etapa es la entrevista de seguimiento, que se aplica únicamente a los ítems que resultaron como señal de alerta en el cuestionario inicial. Esta entrevista permite profundizar, aclarar respuestas ambiguas y reducir el riesgo de errores en la interpretación.

¿Cómo se califica el M-CHAT (primera etapa)?

Para la mayoría de los ítems del cuestionario, la respuesta que indica riesgo es “no”. Sin embargo, existen tres excepciones importantes: los ítems 2, 5 y 12, en los cuales la respuesta que indica riesgo es “sí”. Por esta razón, una recomendación práctica es marcar estos ítems desde el inicio para evitar errores al momento de sumar.

Cada respuesta de riesgo suma un punto. Una vez sumados los puntos, se obtiene una puntuación total que permite clasificar el resultado dentro de un rango de riesgo.

Interpretación de los resultados:

La interpretación del M-CHAT se basa en tres rangos. Cuando la puntuación es baja, el riesgo se considera mínimo y, salvo que la vigilancia del desarrollo indique lo contrario, no se requieren medidas adicionales. En niños menores de 24 meses, puede recomendarse repetir el tamizaje más adelante.

Cuando la puntuación se encuentra en un rango medio, es obligatorio realizar la entrevista de seguimiento. Dependiendo de cómo se ajusten las respuestas después de esta entrevista, el resultado puede considerarse positivo o negativo.

Cuando la puntuación es alta, se considera que existe un alto riesgo de trastorno del espectro autista, y en estos casos puede prescindirse de la entrevista de seguimiento y referir directamente a evaluación diagnóstica formal e intervención temprana.

En todos los escenarios, es crucial recordar que seguimos hablando de riesgo o sospecha, no de un diagnóstico definitivo.

Segunda etapa: la entrevista de seguimiento:

La entrevista de seguimiento se realiza únicamente con los ítems que el niño no pasó en el cuestionario inicial. Cada ítem cuenta con su propio esquema de preguntas, que guía al profesional hasta determinar si el niño “pasa” o “no pasa” ese ítem.

Durante esta entrevista, es importante pedir a los padres respuestas claras, evitando términos ambiguos como “a veces” o “tal vez”. El objetivo es determinar qué ocurre la mayoría del tiempo. Si el niño falla en dos o más ítems durante esta etapa, el resultado se considera positivo y se recomienda la referencia inmediata a evaluación diagnóstica e intervención temprana.

¿Qué hacer con el resultado final?

Una vez finalizado el proceso, el profesional debe contar cuántos ítems quedaron como “no pasa”. Si el resultado es positivo, se recomienda derivar al niño a una evaluación diagnóstica completa, que incluya herramientas específicas como entrevistas estructuradas, pruebas estandarizadas y observación clínica.

Hasta este punto, el M-CHAT ha cumplido su función: orientar la decisión clínica, no establecer un diagnóstico.

¿Cómo devolver el resultado a las familias?

Una buena práctica profesional es no limitarse a una devolución verbal. Entregar un breve informe escrito que explique qué es el M-CHAT, qué significan los resultados y cuáles son los siguientes pasos recomendados ayuda a las familias a procesar la información con mayor claridad, disminuir la ansiedad y tomar decisiones informadas.

Este acompañamiento es especialmente importante cuando existe una sospecha de autismo, ya que el impacto emocional puede ser significativo.

El uso correcto del M-CHAT requiere formación, criterio clínico y una comunicación clara con las familias. Aplicarlo fuera de edad, interpretarlo como diagnóstico o basarse únicamente en el cuestionario sin realizar la entrevista de seguimiento son errores que debemos evitar.

Si quieres ver paso a paso cómo se aplica el M-CHAT, cómo se califica, cómo se realiza la entrevista de seguimiento y ejemplos prácticos reales, te invito a ver el video completo en nuestro canal de YouTube, donde desarrollo este tema de forma visual y aplicada a la práctica clínica.

Leave A Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *